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La Coctelera

"MIS CRÓNICAS"

RODRIGO RIEDER DURÁN

12 Abril 2011

LA MUERTE: HERMOSA Y BELLA MANIFESTACIÓN

 Por: Rodrigo Rieder

Los domingos de cualquier parte del mundo católico se deben aprovechar con mucho cuidado, pues es poco lo que hay que hacer especialmente en la costa norte de Colombia; son unos de esos días de aburrimientos cotidianos de los fines de semana, en los que muchas personas se dedican a jugar dominó en las puertas de sus casas o a libar alcohol, si acaso no se van a la playa o al río.  Un día cualquiera me fui  a un cementerio a vivir un rato con los muertos.

Bonito el parque cementerio, allí me senté a la sombra de un árbol  y me puse a contar sepulturas y a observar las flores, muchas ya marchitas, otras artificiales; algunas acomodadas alrededor de los límites de la propiedad de cada difunto, otras en círculos entre tumbas  solitarias, flores y flores en cualquier parte reservaban sus manojos; algunos maltrechos, otros mallugados para ser llevados a adornar las tumbas de los muertos.

La sección más nueva de estar recibiendo cadáveres, estaba repleta de visitantes, mientras que  los lugares por donde hace algún tiempo se comenzó la siembra de despojos, estaba desolada proporcionalmente con las otras que a cada  medida del tiempo pasado, iban mostrando el olvido de sus dolientes.

Eso me trajo a la mente, que los muertos como el amor y otras manifestaciones, reciben olvido con el paso de los años. En la parte nueva había una circulación animada de  señoras de edad madura más que todo, con sus vestidos negros todavía, arreglando  y regando con agua y lagrimas una que otra tumba, mientras que en los otros lugares se denotaba menos decoraciones y, los escasos visitantes presentaban vestiduras coloridas, pequeños grupos de viejos acompañados por jóvenes y niños hacían  la visita en medio de animadas charlas denotando el olvido al dolor sentido en los primeros momentos de la partida del hoy difunto.

Como todo es posible en este mundo, lo mismo que en el otro, pensé que, podría ser que un día regresarían  los muertos a descifrarnos los secretos que ellos ya conocen; podría ser que ellos retornaran y  nos contaran lo que ocurre más allá de las tumbas y del misterio todavía inviolado.

En caso de que esto ocurriera, no me inclino del lado de las cosas amargas, de los castigos implacables y eternos; puede ser que cuenten cosas increíbles, bellas y del mismo linaje de los sueños despiertos de los hombres buenos y de la poesía, que no tienen desenlaces dolorosos y tristes, si no relatos maravillosos, de esos que derrotan el temor, las  agonías, las funerarias y esas otras cosas que simbolizan y consagran la muerte, tan temida, tan desacreditada y tan oscura en esta vida que llevamos en pleno siglo XXI.

Si los muertos hablaran y volvieran con sus desconocidas y esperadas palabras, tal vez nos dirían que morir no duele nada, que hacerlo, es entrar al reino de la luz y de las flores que nunca se marchitan; poder perder peso sin ninguna dieta, o mejor sentirnos sin ningún peso encima y poder caminar sobre la brisa hasta el fuego de la estrella más lejana, sin tener la posibilidad de caer en cualquier sitio, conservando la transparencia y la serenidad. Que bello sería que esto que me imagino fuese así ¿verdad?

Si los vivos conociéramos  eso; dejaríamos de visitar a las tumbas y comenzaríamos a envidiar la muerte, porque así es el hombre. Queremos el bienestar que el otro tiene; entonces entraríamos a querer morirnos. En los muertos desaparece la noción del tiempo, del espacio y del remordimiento; pienso que en sus adentros todo es salud, plenitud y esplendor, no hay zozobras ni oficinas, ni vanidades, tampoco patrones, ni palabras vanas, no hay; aguaceros, incertidumbres, porvenires, limitaciones,  accidentes, pesadillas, traición, celos, ni dolor; tampoco existen las esperas frente a una secretaria grosera, o esas manifestaciones que hay que soportar en este tiempo aún sabiendo que son falsas y que debemos creerlas como ciertas.

Pienso que tras la muerte solo hay cosas buenas que se pasean sonriendo sobre las cruces y los terraplenes de tierra, en forma suave y silenciosa como el volar de las mariposas, pero que  ese es un vuelo eterno donde no se pierde nada, pues no hay que hacer ningún esfuerzo para cruzar los mundos que tiene el universo.

"Si  llegásemos a conocer la muerte; entonces estaríamos deseando morirnos". eso pensé cuando un pájaro cruzó volando sobre mi cabeza y se posó en un pequeño árbol a cantarle a los muertos sus suspiros que nacían de sus adentro.

LA REALIDAD

Llegué a ella creyendo estar dentro de un ataúd, sepultado muy profundo y mirando desde adentro la tapa del féretro y tratando de acomodar el cuerpo en el duro fondo de esa caja negra a la que estando vivos le tenemos mucho miedo.

Pensé en mi madre y su forma de llorarme, a los hijos cargando este cajón de madera y llevándolo a la carrosa fúnebre; me supuse los pensamientos de todos haciendo recorrido por mi vida en sus recuerdos imaginarios y poco ciertos; cuantas cosas materiales de las que manoseé ya estarán preparadas para entrar al olvido como lo estará mi persona y mi nombre en pocos años; bueno en fin pensé tras acomodarme en el banco duro que había encontrado en el panteón: "eso tarde o temprano debe desparecer por naturaleza, es materia".

Luego amarré el cordón de mi zapato y me dije: Rodri, lo que tu deseas realmente es que no desaparezcan tus acciones, tu amor por los que amaste, y que tu perdón siempre tenga esa característica de eterno, tal como lo concebiste el día que perdonaste; me estaba hablando a mí mismo cuando llegó a mi mente el pensamiento de ella; un ser que me conoce más que mi madre, que sabe cuando estoy triste o golpeado y que alaba mi alegría, que comparte desde un pan hasta sus orgasmos conmigo y que sufre cuando yo sufro igual que mi mamá.

La idealicé sonriente, la pensé vestida de negro y llorosa mirando con tristeza por dentro del alma mía; deseando morirse porque desde que me conoció y comenzó a amarme me dijo que no concebía la vida sin mí y, le creo. Entonces levanté la vista al cielo y oré en silencio pidiéndole al Todopoderoso, que me permita traerla yo a este lugar y no sea ella la que se siente en este lugar a pensar lo que ahora estoy manifestando en este escrito mientras llevan mis despojos a lo profundo de la tierra.

La veo ahí con su pelo liso y abundante, batiendo la soltura de ese cabello hermoso que tanto me enamora, la veo con ganas de morirse; pero también la veo que para ella morirse es vivir porque es estar conmigo. Sus parpados que para mí son palmeras batidas por el viento de mi respiración están ahora enjugados por lágrimas que limpian las telarañas que hay en su alma buena y solo me queda la esperanza de poder estar eternamente feliz a lado de ella: ES MI CECILIA.

 

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Cecilia

Cecilia dijo

AMOR, cada escrito tuyo me dejas sin palabras. Lo único que sé decirte y de lo que SÍ estoy segura es que TE AMO., y jamás dejaré de hacerlo.

12 Abril 2011 | 06:18 PM

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