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La Coctelera

"MIS CRÓNICAS"

RODRIGO RIEDER DURÁN

Categoría: Rodrigo Rieder Historias Sexo Amor Camas

15 Julio 2011

CUMPLEAÑOS DE CECILIA

MI CECILIA 

Son las  2 y 30 de la madrugada del 15 de Julio de 2011, siento una apacible respiración en el lecho, un bombillito verde acompaña al número 24º que marca el aire, otro bombillito rojo me dice que el reloj del nochero está vivo y dos de color azul me dicen que los celulares se están cargando.

Es la tecnología en el cuarto haciendo una tenue presencia en la penumbra del nido de amor;  veo su rostro de tranquilidad que me transmite serenidad y observo luego a través de la ventana como en la panorámica de la ciudad se nota el sueño de sus habitantes.

Para mí no será un día cualquiera, es su cumpleaños, no deseo despertarla pero lo haré en pocas horas, le pondré una serenata, le llevaré como todos los días un café a su cama y no saldremos a caminar; es un  ciclo especial e iremos a Santa Marta; ella me había dicho: "Para la celebración de este año deseo algo distinto", entonces la tomé de sorpresa antier en la tarde y le dije: "nos vamos de paseo".

Me muevo como un gato y comienzo a alistar las maletas en medio de la penumbra de la madrugada, ella se mueve de vez en cuando y no queriendo interrumpir su sueño, suavemente le doy un beso, arrodillo mi alma ante Dios y le doy gracias por haberme regalado esta compañera que llena todos los espacios que me permite la vida.

El lunes a nuestro regreso contaré como fueron las flores que le regalé en la bahía más hermosa del continente, los sitios donde fuimos y los amigos encontrados en este camino de felicidad, escribiré sobre los chapuzones en el mar, sobre la arena fría o caliente de esa bella ciudad samaria y de los tantos besos compartidos en esta fecha tan especial, para mí y para ella: es como si yo también estuviese de cumpleaños.

Nos despediremos de Barranquilla a las 10 de la mañana y entraremos al puente que nos comunica con la isla de Salamanca para llegar a nuestro sitio de miel, donde compartiremos el tiempo con más intensidad porque el vivido hasta hoy nos parece poco tratándose de un inmenso amor como el que nos profesamos.

Ahora acabo estás líneas para comenzar a despertar con suavidad a mi amada y darle la serenata de su cumpleaños. A los amigos y familiares que lean esta croniquilla de la serenidad, les agradezco me le hagan llegar su registro recordatorio de que mi Cecilia es recordada en este día.

Tags: cumpleanos

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14 Abril 2011

¿ES USTED UN SUFRIDOR PROFESIONAL?

 Por Rodrigo Rieder

 Así como hay doctores en semántica, medicina, agronomía,  arquitectura, ciencias ocultas y escasamente periodistas reales; también hay sufridores obstinados, sufridores tozudos, sufridores tercos y obstinados a los que les llamo sufridores profesionales.

Ellos nacen graduados; listos para ejercer la profesión desde que comienzan a desplazarse por el mundo; desde entonces comienzan a sufrir. Son los que crecen con esfuerzos superados por  sus fuerzas; son los que no se atreven a cantar y menos a tocar un instrumento, o por ejemplo a una frágil paloma o a un grano de azúcar, porque piensan que la primera puede morir bajo su tacto y el segundo puede perder la dulzura  y la consistencia.

A ellos les duele la mañana naciente y el día que agoniza; también sienten dolor por el pan del desayuno y el taburete donde se sientan, duele el calor del verano y el frío del invierno, el silencio de las estatuas y la sed de los desiertos. Ellos no entienden que el origen de todo cuanto existe tiene un misterio impenetrable y que en la vida lo mejor siempre es lo que sucede, sin embargo aún  a sabiendas de ello, sufren porque las madres van perdiendo poco  a poco el brillo de su juventud y los padres amanecen con más canas cada día. Se les ocurre que los ojos de las vacas son lágrimas gigantes y que el llanto de las mujeres abandonadas por sus hombres, son el principio de los ríos y los inviernos. Piensan que los hombres engañados por sus mujeres, son mártires que sufren su merecido por ser tan faltos de amor y dulzura con sus parejas.

En fin, son sufridores profesionales; sufren por todo, regularmente tienen un dolor en el alma y conviven con el odio y las comparaciones;  si ven algo  bueno a la vista y al sentir; tratan de encontrarle la parte mala y en ella fincan sus apreciaciones; si sienten un olor agradable, hacen lo posible por imaginar la procedencia del aroma y concluyen el nacimiento del hedor en la procedencia del orín de un mapurito; igual les sucede cuando tocan la tela piel de durazno del sedoso vestido de su compañera, o el suave paño del vestido de su hombre, piensan que es un engaño que se hizo a las larvas comedoras de la morera que sirvió de alimento al productivo insecto o a la cardada oveja que cedió las hebras para el precioso lienzo.

En fin;  habrá muchos sufriendo y lamentando siempre culpando y señalando a sus seres queridos y a los extraños, por cualquier cosa que suceda a su alrededor, ellos no son satisfechos con nada, porque son sufridores eternos y tan eternos son que aún en sus tumbas siguen sufriendo abrumados por visiones apocalípticas y tentáculos vegetales que los estrechan fuertemente en lo profundo de sus tumbas.

Eso nos hace pensar, que el sufrimiento no sirve de nada, porque la vida seguirá su curso, los buenos podrán seguir siéndolo o convertirse en malos, lo agrio podrá volverse dulce y lo claro oscuro pues el mundo deberá seguir andando y ellos seguirán sufriendo como una parte del andar de este complejo universo que podría seguir igual, mejor o peor.

Por ejemplo: Las mujeres que se sienten atraídas por hombres problemáticos, distantes, inaccesibles, suelen terminar amando al hombre equivocado y sufriendo por amor. Se vale que sufra un rato, pero no para toda la vida, inclusive echando a perder el resto de su existencia; o los hombre a los cuales han desengañado sus mujeres definitivamente y llegan al extremo de perder el autoestima.

Si estás en un núcleo familiar que te produce insatisfacciones, en algún momento elegiste estar ahí y has creído conocer por lo menos una razón que te permitirá sanar lo que sea necesario para poder vivir tranquilo o tranquila, solo falta que lo emprendas.

Si crees que amar demasiado, aunque no te valoren y te hieran, es la forma de relacionarse en familia, pareja, amigos o conocidos, primeramente debemos precisar cambiar esta creencia dañina para aspirar a un vínculo sano.

Ojo, culpar es atribuir a alguien o a algo de la responsabilidad de un hecho, es una falla por corregir; para ser feliz hay que dejar de culpar a personas, animales  y cosas.

Recriminar es reprender o censurar a alguien o a algo por su comportamiento. Cuando dejamos de culpar  y de  recriminar, entonces dejamos a ver responsables; debemos recordar que la responsabilidad es un valor que está en la conciencia de la persona; ella permite reflexionar, administrar, orientar y valorar las consecuencias de nuestros actos.

Si nos hiciésemos un manual para aplicar a la vida lo haríamos así:

* Reconozcamos y respondamos a nuestras propias inquietudes luego las de los demás.

* Mejoremos sin límites,  los  respetos y rendimientos del tiempo nuestro y los de las otras    personas.

* Situemosno en las acciones anómalas que se generan de manera voluntaria o involuntaria y entremos a comprenderlas.

* Planeemos en tiempo y formas las diferentes acciones que conforman una actividad general donde intervengan otros seres.

* Asumamos con prestancia las consecuencias que las omisiones, obras, expresiones y sentimientos generadas en las persona,  del entorno y las  incomodidades en la vida de los demás.

* Dejemos de consignar nuestras equivocaciones, errores o aciertos a otras personas cuando sabemos  que somos los responsables.

Cuando esos sufridores alcancen parte de esto, estamos seguros que comenzarán por lo menos  a estar tranquilos aunque no  dejen de sufrir, porque como  escribí en un principio, "son sufridores profesionales"

Esperemos a ver qué pasa con algunos de ellos después de leer estás líneas. Mientras tanto seamos felices.

 

Tags: amor, sufrimiento

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10 Abril 2011

LAS CAMAS DE RODRIGO RIEDER

Por Rodrigo Rieder Durán 

Hay cosa que usamos a las que casi nunca nos referimos y que desde tiempos inmemoriales le están sirviendo al mortal con la más ejemplar abnegación y sin embargo en muchos casos, no le brindamos aprecio.

Las camas por ejemplo, ellas nos brindan la oportunidad del descanso., del sueño y el retozo con nuestros seres queridos; en  ellas dormimos y hacemos el amor, damos y recibimos besos. Pero a pesar de todo eso, pasan inadvertidas y condenadas a la ingratitud.

Podríamos amarlas sin timidez y recordarlas sin rubor e incorporarlas al mundo de la ternura sin pensar que los que nos leen o escuchen hablar de ello, nos vayan a tildar de perezosos. No. Las hay de madera, de hierro, de lona, de paja, de algodón, de cuero, de plástico; muchas están cubiertas de sábanas muy limpias, otras con colchas de retazos, otras solo tienen el colchón, algunas tendrán tibias cobijas que llegan a la fastuosidad, otras vestidas pobremente y manchadas con resinas humanas y aceites corporales. Todas son merecedoras de éste modesto homenaje; por lo regular en ella nacemos y en ella morimos algunos, allí esperamos la visita del sueño y del insomnio y tenemos las faenas nupciales que preludian los embarazos y los partos; humanicémoslas, ellas hacen parte de nuestra existencia.

Se lo merecen; ellas gimen bajo los cuerpos que se abrazan o se quejan de dolores; a veces se derrumban y no protestan, ni amenazan a los causantes de su ruina o de su apariencia; obedecen a las manos que las arman y las desarman o  las llevan a los cuartos del olvido cuando  se  cree que por el momento son inservibles.

Unas parecen balsas flotando sobre el río del tiempo, otras navíos que bambolean  al ritmo de nuestros movimientos; las hay mal labradas, de palitos frágiles y burdos tomados directamente del monte a las chozas, unas angulosas, otras parecen tronos, algunas están más cerca del suelo y otras están  recamadas en el mismo piso.

Camas tibias y frías, camas duras y blandas, pero todas en trance permanente de ofrecer a los vivientes el apoyo que necesitan, cuando el descanso es obligante y la posición horizontal se hace necesaria.

Se parecen las madres y las camas, Madres son éstas últimas también, porque soportan con ternura nuestras angustias y cavilaciones, las dudas que llevamos, igual que los celos y los rencores pero  sobre todo el peso de los hijos, que somos todos los hombres y las mujeres.

No sé cómo será la cama de cada uno de mis lectores, pero si se que en cada una de ellas, comienza cada día un nuevo horizonte que puede hacerse realidad con nuestras acciones. Ayer fui a ver camas  en el centro, unas están afuera interrumpiendo el paso de los peatones, en el interior oscuro de los locales comerciales y en las mentes de los vendedores que las ofrecen de todo tipo y contextura; también en la mente de los compradores; pero hay desgracia para quien no tiene una cama.

En la noche vi a los que no la tienen, pero la fabrican momentáneamente con cartones, sobre una puerta o terraza, en el recodo de un solar o una casa abandonada; de eso debemos librar a nuestra Barranquilla, ciudad que nos llena de orgullo cuando la nombramos y registramos su característica relativa de ser una población con calles sin gamines, sin dementes, ni vagos durmiendo sin tener camas. Las camas que causan temor son las de los hospitales y las de la cárcel; Dios nos ha librado de ellas y eso se lo agradezco a cada rato; ambas maltratan, unas en el cuerpo y otras en el alma; son las camas realmente duras para el ser humano.

Recuerdos

En mi juventud, nunca tuve una propia; la niñez de mi época en la región norte de esta bella Colombia, especialmente en el Macondo de García Márquez, donde la juventud en su momento fue acostumbrada a dormir en hamaca; siempre observé una cuna azul de hierro que fue siendo heredada por los hermanos que me secundaron: Elina y Rodolfo, mientras tanto los que crecíamos íbamos pasando a dormir en el aire, dependiendo de los icos que sostenían a la hamaca respectiva que nos ayudaba con el calor tropical ante la carencia absoluta de energía eléctrica y, por supuesto de ventiladores.

Dormí en cama cuando llegaba acompañando a mis padres en alguna visita en otra población, esa noche me llegaba la ufanidad al interior del ser, me sentía dueño de la noche y de la cama asignada, la amaba por esa noche y por las que siguieran; después vinieron muchas, algunos chillonas, otras fuertes, silenciosas, duras y blandas, de paja, de algodón y de esteras, altas, bajitas y hasta las improvisadas en el suelo con base de periódicos viejos, en fin camas eran.

Una vez en Porlamar dormí en una de alambres sin colchón, otra vez dormí en una de arena en las playas de San Juan en Puerto Rico, igual reposé en cama de hojas durante mis épocas de cazador-depredador, compartí cama con mis hijos pequeños cuando la soledad hizo presencia en mi andar por primera vez y me enfrenté a la vida solo, junto a ellos. Cuando estuve en Bogotá fue cuando sentí la gran falta que hace una buena cama; el frio lo lleva a uno a detener el pensamiento en las buenas  y a recordar con un poco de desdén a las camas mal elaboradas en su textura, blandura, olor y comodidad.

Hoy procuro tener la mejor de ellas; Cecilia me entendió clarito los mensajes que poco a poco le he ido haciendo llegar con respecto a la calidad de nuestro nido de amor; claro esa cama en la que compartimos todo, es el mejor sitio para estar bien, allí, no discutimos por respeto a ella y a la vida; allí no nos hacemos malas caras, aunque casi nunca hacemos eso, estamos convencidos que nuestra cama es para hacernos el amor, dormir, soñar, cambiar nuestros fluidos y hacer tantas cosas cotidianas que solo se hacen en una cama. Ella aprendió a consentirla, le cambia las sábanas todos los días, la limpia, la ajusta, le acomoda las almohadas, la adorna y le ha entregado dos colchones combinados entre suave y duro para mantener el mejor sitio del hogar en la mejor disposición: BUENA MI CECY.

 

 

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