Publicidad:
Terra
La Coctelera

"MIS CRÓNICAS"

RODRIGO RIEDER DURÁN

Categoría: Cuento

15 Julio 2011

CUMPLEAÑOS DE CECILIA

MI CECILIA 

Son las  2 y 30 de la madrugada del 15 de Julio de 2011, siento una apacible respiración en el lecho, un bombillito verde acompaña al número 24º que marca el aire, otro bombillito rojo me dice que el reloj del nochero está vivo y dos de color azul me dicen que los celulares se están cargando.

Es la tecnología en el cuarto haciendo una tenue presencia en la penumbra del nido de amor;  veo su rostro de tranquilidad que me transmite serenidad y observo luego a través de la ventana como en la panorámica de la ciudad se nota el sueño de sus habitantes.

Para mí no será un día cualquiera, es su cumpleaños, no deseo despertarla pero lo haré en pocas horas, le pondré una serenata, le llevaré como todos los días un café a su cama y no saldremos a caminar; es un  ciclo especial e iremos a Santa Marta; ella me había dicho: "Para la celebración de este año deseo algo distinto", entonces la tomé de sorpresa antier en la tarde y le dije: "nos vamos de paseo".

Me muevo como un gato y comienzo a alistar las maletas en medio de la penumbra de la madrugada, ella se mueve de vez en cuando y no queriendo interrumpir su sueño, suavemente le doy un beso, arrodillo mi alma ante Dios y le doy gracias por haberme regalado esta compañera que llena todos los espacios que me permite la vida.

El lunes a nuestro regreso contaré como fueron las flores que le regalé en la bahía más hermosa del continente, los sitios donde fuimos y los amigos encontrados en este camino de felicidad, escribiré sobre los chapuzones en el mar, sobre la arena fría o caliente de esa bella ciudad samaria y de los tantos besos compartidos en esta fecha tan especial, para mí y para ella: es como si yo también estuviese de cumpleaños.

Nos despediremos de Barranquilla a las 10 de la mañana y entraremos al puente que nos comunica con la isla de Salamanca para llegar a nuestro sitio de miel, donde compartiremos el tiempo con más intensidad porque el vivido hasta hoy nos parece poco tratándose de un inmenso amor como el que nos profesamos.

Ahora acabo estás líneas para comenzar a despertar con suavidad a mi amada y darle la serenata de su cumpleaños. A los amigos y familiares que lean esta croniquilla de la serenidad, les agradezco me le hagan llegar su registro recordatorio de que mi Cecilia es recordada en este día.

Tags: cumpleanos

servido por Rodrigo sin comentarios compártelo

5 Mayo 2011

El amor: "Del tocador a la calle"

 Por Rodrigo Rieder

Estamos listos para salir al centro, le veo mirándose al espejo y pienso: "donde estaba este ser en el tiempo que he vivido antes de conocerla", es la felicidad y el orgullo de hombre enamorado saliendo por los poros. Ella lo sabe y me dibuja una sonrisa, veo la comisura de sus labios y los noto tiernos y jugosos, entonces me siento a observarla y veo en ella imaginariamente sus adentros. Retozo mentalmente con sus narraciones esporádicas donde me ha contado lo nutrida que fue su familia con respectos a sus cinco hermanos: Carlos, Freddy, Álvaro, Jairo y Patricia, quienes acompañaban a la tía Julia Esther Herazo, quien fcompañera eterna de su madre y a quien lloré el día que Dios decidió llamarla a su lado.

En el barrio Crespo de Cartagena fuimos felices por primera vez después que nos enamoramos en El Cabrero, allí sentimos que  nos pertenecíamos y decidimos organizar nuestras vidas hasta el día de hoy.  En el mes de mayo de 2003 conocí a mi suegra cuando todavía no lo era, la observé con el ceño fruncido y mirada melancólica, altiva  sin serlo y ordenadora sin hacerse notar. Hoy al mirarla veo en mi Cecilia tintes de una copia calcada de esa madre que ella recuerda con nostalgia y cariño.

Uno de esos momentos cuando me encontraba mirando las corrientes del río Guatapurí en Valledupar la llamé y me respondió llorando, acababa de perder a su mamá, quise aprender a consolar a un ser querido pero hoy pienso que no lo hice bien, recuerdo entre las palabras que me salieron de los labios esto: "Quiero que sepas que no estás sola y que nunca lo estarás, porque sabes amar y porque estas hecha para el Amor. Y más que eso, sabes amar sin límites, sin cálculos mezquinos, sin esperar nada a cambio, sin temor a las miserias, sin deformaciones ni abyecciones, ahora me tienes a mí, estaré a tu lado siempre y nunca te dejaré".

Vuelvo a la realidad y la veo maquillando su rostro, ella es amante de las cremas para la tez de su rostro, pero la observo y se aplica poca, le da un toque a la comisura de sus parpados y se pasa las manos por el liso pelo que me enamora cada vez que la brisa me arrebata el gusto de juguetear con sus brillantes cabellos hoy color cereza por cosas de mi gusto.

Partimos y dentro del automóvil y mirando circular el trafico miro su perfil y me enamoro más de la mujer que un día me ofreció su vida hasta que el Todopoderoso lo desee. Entonces me siento sin mí, claro estoy sin mi porque estoy fundido en su ser, como ella lo está en el mío, le tomo la mano mientras espero el cambio del semáforo y le digo: te amo, ella me devuelve el gesto con una sonrisa y me da un beso en la mejilla que me llega a lo profundo del alma; seguimos y en el andar ya no siento nada, ella me dice que tampoco. Solo sentimos.

servido por Rodrigo sin comentarios compártelo

14 Abril 2011

¿ES USTED UN SUFRIDOR PROFESIONAL?

 Por Rodrigo Rieder

 Así como hay doctores en semántica, medicina, agronomía,  arquitectura, ciencias ocultas y escasamente periodistas reales; también hay sufridores obstinados, sufridores tozudos, sufridores tercos y obstinados a los que les llamo sufridores profesionales.

Ellos nacen graduados; listos para ejercer la profesión desde que comienzan a desplazarse por el mundo; desde entonces comienzan a sufrir. Son los que crecen con esfuerzos superados por  sus fuerzas; son los que no se atreven a cantar y menos a tocar un instrumento, o por ejemplo a una frágil paloma o a un grano de azúcar, porque piensan que la primera puede morir bajo su tacto y el segundo puede perder la dulzura  y la consistencia.

A ellos les duele la mañana naciente y el día que agoniza; también sienten dolor por el pan del desayuno y el taburete donde se sientan, duele el calor del verano y el frío del invierno, el silencio de las estatuas y la sed de los desiertos. Ellos no entienden que el origen de todo cuanto existe tiene un misterio impenetrable y que en la vida lo mejor siempre es lo que sucede, sin embargo aún  a sabiendas de ello, sufren porque las madres van perdiendo poco  a poco el brillo de su juventud y los padres amanecen con más canas cada día. Se les ocurre que los ojos de las vacas son lágrimas gigantes y que el llanto de las mujeres abandonadas por sus hombres, son el principio de los ríos y los inviernos. Piensan que los hombres engañados por sus mujeres, son mártires que sufren su merecido por ser tan faltos de amor y dulzura con sus parejas.

En fin, son sufridores profesionales; sufren por todo, regularmente tienen un dolor en el alma y conviven con el odio y las comparaciones;  si ven algo  bueno a la vista y al sentir; tratan de encontrarle la parte mala y en ella fincan sus apreciaciones; si sienten un olor agradable, hacen lo posible por imaginar la procedencia del aroma y concluyen el nacimiento del hedor en la procedencia del orín de un mapurito; igual les sucede cuando tocan la tela piel de durazno del sedoso vestido de su compañera, o el suave paño del vestido de su hombre, piensan que es un engaño que se hizo a las larvas comedoras de la morera que sirvió de alimento al productivo insecto o a la cardada oveja que cedió las hebras para el precioso lienzo.

En fin;  habrá muchos sufriendo y lamentando siempre culpando y señalando a sus seres queridos y a los extraños, por cualquier cosa que suceda a su alrededor, ellos no son satisfechos con nada, porque son sufridores eternos y tan eternos son que aún en sus tumbas siguen sufriendo abrumados por visiones apocalípticas y tentáculos vegetales que los estrechan fuertemente en lo profundo de sus tumbas.

Eso nos hace pensar, que el sufrimiento no sirve de nada, porque la vida seguirá su curso, los buenos podrán seguir siéndolo o convertirse en malos, lo agrio podrá volverse dulce y lo claro oscuro pues el mundo deberá seguir andando y ellos seguirán sufriendo como una parte del andar de este complejo universo que podría seguir igual, mejor o peor.

Por ejemplo: Las mujeres que se sienten atraídas por hombres problemáticos, distantes, inaccesibles, suelen terminar amando al hombre equivocado y sufriendo por amor. Se vale que sufra un rato, pero no para toda la vida, inclusive echando a perder el resto de su existencia; o los hombre a los cuales han desengañado sus mujeres definitivamente y llegan al extremo de perder el autoestima.

Si estás en un núcleo familiar que te produce insatisfacciones, en algún momento elegiste estar ahí y has creído conocer por lo menos una razón que te permitirá sanar lo que sea necesario para poder vivir tranquilo o tranquila, solo falta que lo emprendas.

Si crees que amar demasiado, aunque no te valoren y te hieran, es la forma de relacionarse en familia, pareja, amigos o conocidos, primeramente debemos precisar cambiar esta creencia dañina para aspirar a un vínculo sano.

Ojo, culpar es atribuir a alguien o a algo de la responsabilidad de un hecho, es una falla por corregir; para ser feliz hay que dejar de culpar a personas, animales  y cosas.

Recriminar es reprender o censurar a alguien o a algo por su comportamiento. Cuando dejamos de culpar  y de  recriminar, entonces dejamos a ver responsables; debemos recordar que la responsabilidad es un valor que está en la conciencia de la persona; ella permite reflexionar, administrar, orientar y valorar las consecuencias de nuestros actos.

Si nos hiciésemos un manual para aplicar a la vida lo haríamos así:

* Reconozcamos y respondamos a nuestras propias inquietudes luego las de los demás.

* Mejoremos sin límites,  los  respetos y rendimientos del tiempo nuestro y los de las otras    personas.

* Situemosno en las acciones anómalas que se generan de manera voluntaria o involuntaria y entremos a comprenderlas.

* Planeemos en tiempo y formas las diferentes acciones que conforman una actividad general donde intervengan otros seres.

* Asumamos con prestancia las consecuencias que las omisiones, obras, expresiones y sentimientos generadas en las persona,  del entorno y las  incomodidades en la vida de los demás.

* Dejemos de consignar nuestras equivocaciones, errores o aciertos a otras personas cuando sabemos  que somos los responsables.

Cuando esos sufridores alcancen parte de esto, estamos seguros que comenzarán por lo menos  a estar tranquilos aunque no  dejen de sufrir, porque como  escribí en un principio, "son sufridores profesionales"

Esperemos a ver qué pasa con algunos de ellos después de leer estás líneas. Mientras tanto seamos felices.

 

Tags: amor, sufrimiento

servido por Rodrigo sin comentarios compártelo

12 Abril 2011

LA MUERTE: HERMOSA Y BELLA MANIFESTACIÓN

 Por: Rodrigo Rieder

Los domingos de cualquier parte del mundo católico se deben aprovechar con mucho cuidado, pues es poco lo que hay que hacer especialmente en la costa norte de Colombia; son unos de esos días de aburrimientos cotidianos de los fines de semana, en los que muchas personas se dedican a jugar dominó en las puertas de sus casas o a libar alcohol, si acaso no se van a la playa o al río.  Un día cualquiera me fui  a un cementerio a vivir un rato con los muertos.

Bonito el parque cementerio, allí me senté a la sombra de un árbol  y me puse a contar sepulturas y a observar las flores, muchas ya marchitas, otras artificiales; algunas acomodadas alrededor de los límites de la propiedad de cada difunto, otras en círculos entre tumbas  solitarias, flores y flores en cualquier parte reservaban sus manojos; algunos maltrechos, otros mallugados para ser llevados a adornar las tumbas de los muertos.

La sección más nueva de estar recibiendo cadáveres, estaba repleta de visitantes, mientras que  los lugares por donde hace algún tiempo se comenzó la siembra de despojos, estaba desolada proporcionalmente con las otras que a cada  medida del tiempo pasado, iban mostrando el olvido de sus dolientes.

Eso me trajo a la mente, que los muertos como el amor y otras manifestaciones, reciben olvido con el paso de los años. En la parte nueva había una circulación animada de  señoras de edad madura más que todo, con sus vestidos negros todavía, arreglando  y regando con agua y lagrimas una que otra tumba, mientras que en los otros lugares se denotaba menos decoraciones y, los escasos visitantes presentaban vestiduras coloridas, pequeños grupos de viejos acompañados por jóvenes y niños hacían  la visita en medio de animadas charlas denotando el olvido al dolor sentido en los primeros momentos de la partida del hoy difunto.

Como todo es posible en este mundo, lo mismo que en el otro, pensé que, podría ser que un día regresarían  los muertos a descifrarnos los secretos que ellos ya conocen; podría ser que ellos retornaran y  nos contaran lo que ocurre más allá de las tumbas y del misterio todavía inviolado.

En caso de que esto ocurriera, no me inclino del lado de las cosas amargas, de los castigos implacables y eternos; puede ser que cuenten cosas increíbles, bellas y del mismo linaje de los sueños despiertos de los hombres buenos y de la poesía, que no tienen desenlaces dolorosos y tristes, si no relatos maravillosos, de esos que derrotan el temor, las  agonías, las funerarias y esas otras cosas que simbolizan y consagran la muerte, tan temida, tan desacreditada y tan oscura en esta vida que llevamos en pleno siglo XXI.

Si los muertos hablaran y volvieran con sus desconocidas y esperadas palabras, tal vez nos dirían que morir no duele nada, que hacerlo, es entrar al reino de la luz y de las flores que nunca se marchitan; poder perder peso sin ninguna dieta, o mejor sentirnos sin ningún peso encima y poder caminar sobre la brisa hasta el fuego de la estrella más lejana, sin tener la posibilidad de caer en cualquier sitio, conservando la transparencia y la serenidad. Que bello sería que esto que me imagino fuese así ¿verdad?

Si los vivos conociéramos  eso; dejaríamos de visitar a las tumbas y comenzaríamos a envidiar la muerte, porque así es el hombre. Queremos el bienestar que el otro tiene; entonces entraríamos a querer morirnos. En los muertos desaparece la noción del tiempo, del espacio y del remordimiento; pienso que en sus adentros todo es salud, plenitud y esplendor, no hay zozobras ni oficinas, ni vanidades, tampoco patrones, ni palabras vanas, no hay; aguaceros, incertidumbres, porvenires, limitaciones,  accidentes, pesadillas, traición, celos, ni dolor; tampoco existen las esperas frente a una secretaria grosera, o esas manifestaciones que hay que soportar en este tiempo aún sabiendo que son falsas y que debemos creerlas como ciertas.

Pienso que tras la muerte solo hay cosas buenas que se pasean sonriendo sobre las cruces y los terraplenes de tierra, en forma suave y silenciosa como el volar de las mariposas, pero que  ese es un vuelo eterno donde no se pierde nada, pues no hay que hacer ningún esfuerzo para cruzar los mundos que tiene el universo.

"Si  llegásemos a conocer la muerte; entonces estaríamos deseando morirnos". eso pensé cuando un pájaro cruzó volando sobre mi cabeza y se posó en un pequeño árbol a cantarle a los muertos sus suspiros que nacían de sus adentro.

LA REALIDAD

Llegué a ella creyendo estar dentro de un ataúd, sepultado muy profundo y mirando desde adentro la tapa del féretro y tratando de acomodar el cuerpo en el duro fondo de esa caja negra a la que estando vivos le tenemos mucho miedo.

Pensé en mi madre y su forma de llorarme, a los hijos cargando este cajón de madera y llevándolo a la carrosa fúnebre; me supuse los pensamientos de todos haciendo recorrido por mi vida en sus recuerdos imaginarios y poco ciertos; cuantas cosas materiales de las que manoseé ya estarán preparadas para entrar al olvido como lo estará mi persona y mi nombre en pocos años; bueno en fin pensé tras acomodarme en el banco duro que había encontrado en el panteón: "eso tarde o temprano debe desparecer por naturaleza, es materia".

Luego amarré el cordón de mi zapato y me dije: Rodri, lo que tu deseas realmente es que no desaparezcan tus acciones, tu amor por los que amaste, y que tu perdón siempre tenga esa característica de eterno, tal como lo concebiste el día que perdonaste; me estaba hablando a mí mismo cuando llegó a mi mente el pensamiento de ella; un ser que me conoce más que mi madre, que sabe cuando estoy triste o golpeado y que alaba mi alegría, que comparte desde un pan hasta sus orgasmos conmigo y que sufre cuando yo sufro igual que mi mamá.

La idealicé sonriente, la pensé vestida de negro y llorosa mirando con tristeza por dentro del alma mía; deseando morirse porque desde que me conoció y comenzó a amarme me dijo que no concebía la vida sin mí y, le creo. Entonces levanté la vista al cielo y oré en silencio pidiéndole al Todopoderoso, que me permita traerla yo a este lugar y no sea ella la que se siente en este lugar a pensar lo que ahora estoy manifestando en este escrito mientras llevan mis despojos a lo profundo de la tierra.

La veo ahí con su pelo liso y abundante, batiendo la soltura de ese cabello hermoso que tanto me enamora, la veo con ganas de morirse; pero también la veo que para ella morirse es vivir porque es estar conmigo. Sus parpados que para mí son palmeras batidas por el viento de mi respiración están ahora enjugados por lágrimas que limpian las telarañas que hay en su alma buena y solo me queda la esperanza de poder estar eternamente feliz a lado de ella: ES MI CECILIA.

 

servido por Rodrigo 1 comentario compártelo

10 Abril 2011

LAS CAMAS DE RODRIGO RIEDER

Por Rodrigo Rieder Durán 

Hay cosa que usamos a las que casi nunca nos referimos y que desde tiempos inmemoriales le están sirviendo al mortal con la más ejemplar abnegación y sin embargo en muchos casos, no le brindamos aprecio.

Las camas por ejemplo, ellas nos brindan la oportunidad del descanso., del sueño y el retozo con nuestros seres queridos; en  ellas dormimos y hacemos el amor, damos y recibimos besos. Pero a pesar de todo eso, pasan inadvertidas y condenadas a la ingratitud.

Podríamos amarlas sin timidez y recordarlas sin rubor e incorporarlas al mundo de la ternura sin pensar que los que nos leen o escuchen hablar de ello, nos vayan a tildar de perezosos. No. Las hay de madera, de hierro, de lona, de paja, de algodón, de cuero, de plástico; muchas están cubiertas de sábanas muy limpias, otras con colchas de retazos, otras solo tienen el colchón, algunas tendrán tibias cobijas que llegan a la fastuosidad, otras vestidas pobremente y manchadas con resinas humanas y aceites corporales. Todas son merecedoras de éste modesto homenaje; por lo regular en ella nacemos y en ella morimos algunos, allí esperamos la visita del sueño y del insomnio y tenemos las faenas nupciales que preludian los embarazos y los partos; humanicémoslas, ellas hacen parte de nuestra existencia.

Se lo merecen; ellas gimen bajo los cuerpos que se abrazan o se quejan de dolores; a veces se derrumban y no protestan, ni amenazan a los causantes de su ruina o de su apariencia; obedecen a las manos que las arman y las desarman o  las llevan a los cuartos del olvido cuando  se  cree que por el momento son inservibles.

Unas parecen balsas flotando sobre el río del tiempo, otras navíos que bambolean  al ritmo de nuestros movimientos; las hay mal labradas, de palitos frágiles y burdos tomados directamente del monte a las chozas, unas angulosas, otras parecen tronos, algunas están más cerca del suelo y otras están  recamadas en el mismo piso.

Camas tibias y frías, camas duras y blandas, pero todas en trance permanente de ofrecer a los vivientes el apoyo que necesitan, cuando el descanso es obligante y la posición horizontal se hace necesaria.

Se parecen las madres y las camas, Madres son éstas últimas también, porque soportan con ternura nuestras angustias y cavilaciones, las dudas que llevamos, igual que los celos y los rencores pero  sobre todo el peso de los hijos, que somos todos los hombres y las mujeres.

No sé cómo será la cama de cada uno de mis lectores, pero si se que en cada una de ellas, comienza cada día un nuevo horizonte que puede hacerse realidad con nuestras acciones. Ayer fui a ver camas  en el centro, unas están afuera interrumpiendo el paso de los peatones, en el interior oscuro de los locales comerciales y en las mentes de los vendedores que las ofrecen de todo tipo y contextura; también en la mente de los compradores; pero hay desgracia para quien no tiene una cama.

En la noche vi a los que no la tienen, pero la fabrican momentáneamente con cartones, sobre una puerta o terraza, en el recodo de un solar o una casa abandonada; de eso debemos librar a nuestra Barranquilla, ciudad que nos llena de orgullo cuando la nombramos y registramos su característica relativa de ser una población con calles sin gamines, sin dementes, ni vagos durmiendo sin tener camas. Las camas que causan temor son las de los hospitales y las de la cárcel; Dios nos ha librado de ellas y eso se lo agradezco a cada rato; ambas maltratan, unas en el cuerpo y otras en el alma; son las camas realmente duras para el ser humano.

Recuerdos

En mi juventud, nunca tuve una propia; la niñez de mi época en la región norte de esta bella Colombia, especialmente en el Macondo de García Márquez, donde la juventud en su momento fue acostumbrada a dormir en hamaca; siempre observé una cuna azul de hierro que fue siendo heredada por los hermanos que me secundaron: Elina y Rodolfo, mientras tanto los que crecíamos íbamos pasando a dormir en el aire, dependiendo de los icos que sostenían a la hamaca respectiva que nos ayudaba con el calor tropical ante la carencia absoluta de energía eléctrica y, por supuesto de ventiladores.

Dormí en cama cuando llegaba acompañando a mis padres en alguna visita en otra población, esa noche me llegaba la ufanidad al interior del ser, me sentía dueño de la noche y de la cama asignada, la amaba por esa noche y por las que siguieran; después vinieron muchas, algunos chillonas, otras fuertes, silenciosas, duras y blandas, de paja, de algodón y de esteras, altas, bajitas y hasta las improvisadas en el suelo con base de periódicos viejos, en fin camas eran.

Una vez en Porlamar dormí en una de alambres sin colchón, otra vez dormí en una de arena en las playas de San Juan en Puerto Rico, igual reposé en cama de hojas durante mis épocas de cazador-depredador, compartí cama con mis hijos pequeños cuando la soledad hizo presencia en mi andar por primera vez y me enfrenté a la vida solo, junto a ellos. Cuando estuve en Bogotá fue cuando sentí la gran falta que hace una buena cama; el frio lo lleva a uno a detener el pensamiento en las buenas  y a recordar con un poco de desdén a las camas mal elaboradas en su textura, blandura, olor y comodidad.

Hoy procuro tener la mejor de ellas; Cecilia me entendió clarito los mensajes que poco a poco le he ido haciendo llegar con respecto a la calidad de nuestro nido de amor; claro esa cama en la que compartimos todo, es el mejor sitio para estar bien, allí, no discutimos por respeto a ella y a la vida; allí no nos hacemos malas caras, aunque casi nunca hacemos eso, estamos convencidos que nuestra cama es para hacernos el amor, dormir, soñar, cambiar nuestros fluidos y hacer tantas cosas cotidianas que solo se hacen en una cama. Ella aprendió a consentirla, le cambia las sábanas todos los días, la limpia, la ajusta, le acomoda las almohadas, la adorna y le ha entregado dos colchones combinados entre suave y duro para mantener el mejor sitio del hogar en la mejor disposición: BUENA MI CECY.

 

 

servido por Rodrigo sin comentarios compártelo

9 Abril 2011

CRÓNICA DE UNA VIDA REAL "La Palestina criolla"

Por Rodrigo Rieder Durán

Dos hileras de mangos hacían una calle de honor al caserón con techo de palma, que frenteaba la estancia completa, tres cuartos en la parte trasera comunicaban con una  cocina donde la leña siempre estaba ardiendo. El  entorno estaba sembrado de cuanta variedades  frutales permitía el clima cálido de Codazzi, población que por los años 50 se vislumbró como la redención agrícola con sus extensos campos algodoneros.

En 14  hectáreas, Ulises Durán  había construido un edén donde solo se necesitaba sal  para subsistir. Una acequia con agua cristalina regaba todo el predio compuesto de tierra fértil donde pequeñas parcelas se distinguían las unas a las otras por la variedad de sembrados de caña de azúcar, arroz, maíz, yuca, ñame, plátanos y guineos. Cercados protegían las hortalizas para que los tres caballos blancos, las cinco vacas y los dos burros, no se las comieran en las noches de luna llena, cuando los cuadrúpedos, salían a recorrer  los espacios limpios de pastos y malezas.

Cuando Ulises murió, todo ese paraíso se fue extinguiendo como cuando el pávilo de una vela pierde poco a poco su combustión, la viuda lloró mucho igual como lo hicieron los  perros, loros y gallinas que instalaron una fuerte algarabía el día que se dieron cuenta de la desaparición del hombre que los instaló en ese  paraíso.

Estaba muy pequeño y no entendía nada de la muerte; mi abuelo dejó muchas costumbres posesionadas allí como una gran herencia disfrutable todavía si hay disposición en cualquier familia; son ellas: la honradez, la responsabilidad, el amor, la constancia, la rapidez y la eficiencia como esmero por hacer las cosas bien.

Mas tarde  cuando tuve uso de razón entendí a la muerte y sentí la falta de Ulises en el hogar disgregado por causas de la libertad tomada por cada quien y la responsabilidad asumida por cada cual, haciendo su propia vida.

El día que vi al buldózer entrar con la cuchilla altanera y desafiante entrar en el puentecito de la entrada no me creí estar allí mirando como la agresividad demoledora de la maquina arrasó con todos los frutales, tapó el cauce del  liquido de la vida; dejo de correr la asequia ese día,   luego machacó los cañaduzales que iban desapareciendo al paso pesado de ronrroneante aparato. Así lo hicieron mis sueños. No lloré ese día porque estaba muy pequeño para entender lo que estaba pasando, pero si lo hice muchos años después cuando volví al lugar donde encontré un aeropuerto instalado en una tierra árida, seca y sin árboles.

Se acabó la bonanza algodonera, terminaron los sueños de riqueza y solo quedaron los recuerdos de un pasado regalado junto a la tristeza profunda de haber tenido y solo eso tener. Sueños del pasado.

Hoy nos hablan los técnicos de las granjas integrales. Si tienen razón; yo viví esa delicia y aspiro morir en ella; son mie sueños, como lo pueden ser los de cualquier cesarense con alma de campesino, como somos casi todos. Una madurez abriendo los ojos como se abre el alma cuando se es felíz; observandolos horizontes de las auroras y los crepusculos tras la tranquilida ahora perdida pero con la voluntad igual a la de todos los colombianos de volver a ser la Colombia que fuimos cuando estabamos mirando de frente al campo.

 

AHI SE ENAMORÓ MI PADRE POR PRIMERA VEZ

En esa finca parcela llegaba mi Mauricio montado en un buey que tiraba una carreta donde  un polvillo rojizo siempre cubría en mesoncito de la misma donde él transportaba ladrillos para mantener la afición de Rodolfo mi abuelo, quien construía viviendas, locales y cuartos por afición. Mauricio traía carne y sal para que mi abuela Rosa completara el menestar culinario de la pequeña finca y se llevaba las panelas que allí se fabricaban y que luego iban a parar a los anaqueles del pequeño almacen-micelanea que mi abuelo mantenía en el pueblo donde todos los fines de semana se llenaba de campesinos que llegaban de distintas parcelas incrustadas en la Serranía de Perijá y en el terreno plano de la población de Codazzi.

Cada vez que llegaba a la estancia, Mauricio se entretenía mirando los ojos  y el cabello negro de mi madre, una jóven que por esos entonces tendría unos 14 años de edad, luego inventaba juegos de futbol con los muchachos de la finca, alli estaban cinco monsalvetes hijos huerfanos de una pareja que había trabajado con Ulises mi abuelo: Antonio, Mabel, Toribio,Carmelo y Julio con ellos y algunos obreros juveniles se armaba el partido que entraba a alegrar las frescas tardes de La Palestina.

Ël llegaba cada cinco días y entre su mochila siempre venía un dulce o una flor que entregaba a Dilsa a econdidas, le picaba el hojo y agarraba su mano sin que nadie se diese cuenta; solo dos años los separaban en la edad.

Una de esas veces llegó en la mañana y no encontró a la joven en la estancia, con disimulo preguntó a Beatríz una  de las jovenes que ayudaban en el lugar y ella le respondió que se encontraba en la acequia lavando ropa; ahi se fue por entre los matorrales y la divisó de espaldas fregando trapos sobre una piedra, se acercó con ciudado y le dió un beso en el cuello; ambos se sonrojaron y entre el susto y el gusto se pusieron de acuerdo como iba a ser la relación amorosa entre los dos.

De ese amor nacido bajo un árbol de guayabo y con el paso del tiempo tras una unión que duró 8 años nacimos: Rodrigo, Elina y Rodolfo.

 

MAURICIO Y DILSA, ÉL 18 AÑOS DE VIDA, ELLA 14 AÑOS DE EDAD.

 

servido por Rodrigo sin comentarios compártelo

17 Marzo 2011

Sepelio de mi padre

 Por Rodrigo Rieder

 Llegamos a las 9 de la mañana a San Diego; el sol estaba brillante y encontré los mismos árboles que siempre esperaron  mi arribo a la vivienda donde mi padre compartió los últimos años de su vida, una vida feliz al lado de Yamile, una gran mujer a la que admiro mucho por su abnegación, dulzura, constancia y buena anfitriona (le mejor que he conocido).

Inmediatamente  se pusieron de pie las personas que estaban en la puerta de la casa, presenté a mi Cecilia y de ellos recibí los abrazos de sentimiento y pésame que son normales en casos de  dolor fúnebre como el que llevaba en el pecho.

Aguardé un momento observando la limpieza de la mirada de mi hermano Richard, quien me analizó con esa particularidad que lo identifica con la nobleza y la ingenuidad; caminé un poco y me abracé con John; de él sentí la trasmisión de una tristeza propia del hombre que hace sus manifestaciones de dolor de una manera casi que imperceptible; luego  vino el abrazo con Gina, otra de mis hermanas y ahí estaba un poco más adelante Rafael Mauricio, con un peinado de joven combinado con la seriedad del hermano-líder a pesar de ser el menor.

Había viajado desde Barranquilla con  Álvaro, otro de mis hermanos;  (somos 11) quien se acomodó en la parte trasera de mi Wolsvagen Gold acompañándonos en silencio durante las cuatro horas y media que duró el viaje en el cual hablaba a raticos con Cecilia mi esposa.

Un día antes había arribado desde Medellín Rodolfo y Elina estaba por llegar desde la misma ciudad, Mauricio  ya estaba en Valledupar con mi sobrina Dalima procedente de Barranquilla, faltando en ese momento solo dos de mis hermanos: María Margarita que luego llegó y Jairo, quien no pudo venir desde Aruba por cuestiones de cupos de vuelo.

Comencé a caminar a paso lento hacia el interior de la vivienda y ahí estaba la figura que parte el alma; una viuda que llora frente a un féretro del compañero que se fue; a nadie le duele más la partida de un ser que a un esposo o a una esposa; Yami llegó apresurada a mi pecho y lloramos juntos nos dijimos cosas sentimentales que no puedo escribir por la calidad intima de ellas y luego miramos el ataúd; Álvaro me esperó unos pasos y abrimos la ventanilla;  vimos su rostro dulce a nuestras miradas, sus finos labios se asemejaban a la delgadez de su cuerpo y lo parpados cerrados me hicieron acordar a sus largos silencios iguales a los míos; señales de tumores en el rostro habían sido rebajados por el maquillador fúnebre y su rubio pelo estaba sin brillantez.

Cerramos la pequeña puerta y nos retiramos a rumiar recuerdos;  vi a Mauricio escribiendo debajo de un árbol acompañado de su eterna Dalia y Cecilia y yo nos fuimos a cambiar de ropa a casa de Dulis Guerra; allí evoqué recuerdos que narré en voz alta a Cecilia sobre cómo era mi padre, quien según mi abuelo Rodolfo Rieder Herold, debía haber sido sacerdote; querer que luego se me consignó a mí cuando ya mi papá tenía tres hijos en su primera unión sentimental.

Mi abuelo y mi padre no se parecían físicamente, el viejo Rodolfo era más alto, su tez plomiza y el cabello cenizo hacía contraste con la piel y el cabello de mi papá. Con mi abuelo compartí mucho, él me llevó a vivir a su lado una vez pude ir al baño por mi propia cuenta. Mi abuela Paulina Tenas Anglés  fue quien nos dio a la mayoría de sos genes de personas rubias y pecosas; de ella tengo los recuerdos más hermosos de mi niñez, más adelante se podrá leer en mi libro que pronta saldrá a edición, cuan bella fue la vida a su lado.

Un particularidad de mi abuelo Rodolfo eran sus ojos azules cristalinos haciendo contraste con su dentadura forrada en oro que brillaba cuando reía; esa imagen nunca se borrará de mi memoria.

Al salir de la iglesia y llegar al cementerio me quedé rezagado recibiendo condolencia y luego me hice al lado de otras tumbas tratando de protegerme del canicular sol de la tarde sandiegana; allí  llegaban los ecos de las canciones rancheras que tanto cantó él en vida y que Rafael Mauricio compartió con tanto tino en las alegrías de ese padre que no volveríamos a ver sentado en la puerta de su casa acompañado por su fiel Yamile.

Soy malo para los sepelios; para uno mío soy peor, digo mío, no porque fuese yo el muerto si no por la calidad del fallecido: mi padre.

De él tengo hermosos recuerdos; lo vi volar cometas con luces en el viejo Codazzi, lo vi trillar maíz con un motor a vapor en el viejo caney de mi abuelo, lo aplaudí cuando hacía piruetas en una bicicleta a toda velocidad frente a una multitud que le festejaba las gracias, lo recuerdo cuando llevó al pueblo el segundo vehículo que existía en esos momentos en el entonces caserío y que luego se transformó en un segundo bus que viajaba a Valledupar todos los días después de recoger los pasajeros puerta a puerta siguiendo un listado que mi madre construía en la noche tras las solicitudes de los aspirantes a pasajeros.

Vi como traía Venados, conejos, armadillos y tigres después largas cacerías en una región de montañas llamada El Sinaí, luego salía y paseaba sus presas  por la población  para luego la carne de las presas logradas entre sus amigos más cercanos. En carnavales me sentí orgullosos cuando lo vi disfrazado de sacerdote en una alegoría donde estaba acompañado por Rubén Padró,  Adaulfo Díaz, Jorge Celedón y otros que se me escapan.

Otros recuerdos fueron sus castigos, del que más me acuerdo fue cuando me dio latigazos por haber faltado al colegio, esa vez fue  Lety, quien detuvo la acción que luego fui asimilando hasta convertirme en el más estudioso de los alumnos del Liceo Santander.

En fin estábamos enterrando esas vicisitudes de una vida que me forjó la personalidad a base de hachazos, golpes, sufrimientos, limitaciones, gozos, satisfacciones, risas y llantos que hoy me hacen un hombre maduro y correcto como él quiso siempre que fuese.

Gracias padre, me diste grandes cosas a tu manera, las recibí a la mía y las aplico a la vida con base a como trataste de explicarme como era la vida. En algún momento te seguiré y se que aunque te hayas ido sabrás de este escrito como estoy seguro que aprobarás el contenido de mi libro.

 

 

Tags: sepelio, cuento, dolor

servido por Rodrigo 1 comentario compártelo

16 Diciembre 2010

EL BRUJO, EL COMERCIANTE, EL CONDOR Y YO.

 

Por Rodrigo Rieder

Había llegado al lugar sobre la Sierra Nevada obligado por la situación de escasos recursos por la que pasaba en esos momentos y había alquilado mi carro, un jeep blanco modelo 70 que servía de taxi en Valledupar;  estaba sentado  sobre un árbol caído mirando el horizonte y rumiando el futuro; el frío me calaba los huesos y a la distancia observaba como mi transportado cliente sacaba un mantel rojo a cuadros y se lo mostraba al brujo quien reposaba sobre una banca de madera ubicada  debajo de la enramada que contenía  el  cernido sereno que caía del cielo gris.

El nigromante se llamaba Baudilio; un kankuamo muy visitado por enfermos, políticos, profesionales y viejas beatas que cansadas de pedir imposibles a términos rápidos en la iglesia, y entonces decidían venir donde él para tratar de aligerar sus intenciones.

Las orejas y la nariz estaban frías, una helada brisita acariciaba mis mejillas cuando de pronto sentí un aleteo suave y fugaz; alcé la vista y sobre el cerro que tenía al frente vi cruzar cortando la brisa a la bella y grandiosa ave; movía el pescuezo mirando para la oquedad donde abajo corrían cristalinas aguas; allí estaba el cadáver de un perro según observé a la distancia.

Me acomodé en el tronco buscándole a las nalgas el menor maltrato y observé la picada del alado animal sobre lo que podría ser su almuerzo, miré el reloj, las 12 del mediodía. Pasó y pasó rasante, pero no se atrevió a posarse en ningún lugar; de pronto sentí el sonar de unas tapas de ollas y miré hacia la casa del brujo Baudilio; se trataba de una especie de exorcismo  donde al parecer se ahuyentaba la mala fortuna del comerciante hotelero quien tenía dificultades  para vender sus comida; me dije: "Cada quién cree en lo que desea creer" y superé la distracción al ver al cóndor sobre la rama de un árbol solitario muy cercano a la mortecina.

Entonces si lo vi detalladamente , él es un símbolo nacional de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia y Ecuador, y tiene un importante rol en el folklore y la mitología de las regiones andinas de Sudamérica; cuando pensaba en ello vi su negro plumaje y el hermoso cuello blanco purpura; la roja cabeza que meneaba a cada instante como espantando mosquitos que revoleteaban su pescuezo, este  se me parecía al miembro viril de los perros.

Silencioso como un veterano de cualquier especie animal, pausado en sus movimientos y altivo en su porte natural, me hizo sentir al igual que él;  "el mundo es abierto como el horizonte que visualiza el cóndor en las alturas" pensé, "hacía donde irá mi vida" volvía a pensar y me sumí en la planificación que me permitía la paz, el frío y la tranquilidad que se vive en la Sierra Nevada de Santa Marta.

El cóndor andino se encuentra distribuido a lo largo de la Cordillera de los Andes, desde el sur de la Tierra del Fuego (Argentina y Chile) hasta el occidente de Venezuela, su área máxima de difusión hacia el este se ubica en Argentina alcanzando el Océano Atlántico en las provincias de Santa Cruz, Chubut y Río Negro.  Sin embargo, en Venezuela fue declarado en extinción, y en Colombia, el Perú y Ecuador sus poblaciones naturales han disminuido.

Hoy ya próximo al comienzo de ser vencido por los años me siento como ese legendario cóndor; buscando carroñas de una vida que está pasando sin que me diese cuenta de las reales importancias que en ella hay, de las pequeñeces que engrandecen al hombre y que pasan como pasó el vuelo del cóndor sobre mis sienes en un momento de espavilación mientras rumiaba el futuro de mi vida sobre aquel tronco del viejo frailejón caído.

Es el año de 1972, ye tengo recorridos por Puerto Rico, Trinidad y Tobago, Venezuela y Guyana, no valoré el precio de la libertad en ese momento de ver al cóndor, tampoco dimensioné en mis cavilaciones sobre la inmensidad del cielo y de las montañas que me rodean, de cuan bello es tener la autonomía sobre sí mismo para decidir, actuar y otras cosas que pasan a ser alimento del ser integralmente.

Ahora al escribir soy sexagenario y veo la vida de una manera diferente a cuando fui por ella en alguna oportunidad, vagando sin saber que deseaba y se me fueron los años sin que me diese cuenta.

Vuelvo a la realidad y miro al lugar donde el cóndor saca presas del cadáver del perro, los pocos pasos que da para acomodarse son  torpes, pero la mirada es inquieta y está coordinada con movimientos involuntarios muy agiles, las plumas le brillan al reflejo del poco sol que se filtra por entre las nubes. Engulle sin prisa y se mueve en un recodo de la falda montañosa donde otras aves carroñeras esperan que él termine su faena para entrar a rematar lo que reste del barcino despojo.

Escucho los murmullos de la conversación, me pongo de pie y camino hacia el lugar donde Baudilio está entregado unas botellas de brebajes y unturas  al comerciante de hotel junto a las explicaciones de uso y a las predicciones de lo que podría suceder en el futuro. Llego a la enramada cuando las conversaciones han concluido noto en la pronunciación o el acento del hechicero que habla un mal español, por ejemplo decía: antonces por entonces, estabanos por estábamos; me pregunté, como vienen personas profesionales a consultar a este señor que no sabe ni hablar.

Lo anterior lo reflexioné tras ver un paquete de fotografías expuestas como trofeos, de reconocidas personas de la política, la medicina, farándula y demás, donde se apreciaba en su momento como acompañaban a Baudilio, quien nos narró luego como muchos personajes con distinciones de gobernantes son tratados por él.

Cada quien tiene en su cabeza y entender, a un mundo, pensé; dispusimos el regreso y cuando conducía el jeep por la serpenteante vía, miré el horizonte y ahí volaba el cóndor; él igual que el brujo andaba sobre algo que ambos creían conocer; el hotelero mexicano y yo tal vez estábamos desorientados.

Todos somos sabios en lo que manejamos; en ese momento yo lo era como conductor, ahora me creo sabio en la reflexión y 28 años después escribo sobre ello.

El hechicero supe años después había muerto de cirrosis, el comerciante se fue a montar un hotel a Bogotá donde la gente come más y a menudo, el cóndor debe tener generaciones derivadas de sus apareamientos con alguna cóndor de la Sierra Nevada y yo un periodista en el ocaso de sus intenciones de escribir crónicas como está, donde hago reflejos de una vida llena de todo y veo la felicidad de una manera distinta.

 

 

 

Tags: favor, comentar, aca, final

servido por Rodrigo 1 comentario compártelo


Crea tu blog gratis en La Coctelera